Julio 23, 2018
Escrito por: Miguel A. Mayo
Médico y Ministro de Salud.
Por lo general, las conductas de riesgo pueden producir un efecto placentero, usualmente transitorio y que, sobre todo al inicio, este efecto es superior a la conciencia de las consecuencias que pudiera tener a mediano y largo plazo.
La adolescencia es una etapa especialmente susceptible a las influencias del entorno. Las conductas en esta etapa en muchas ocasiones definen la aceptación social o no. Estas pueden afectar la salud global de los jóvenes y la de sus familiares, inclusive en forma permanente. De ahí que es muy importante que, en esta etapa en particular, los padres e hijos estén muy cerca unos de otros.
Algunas de estas conductas son:
- Consumo de drogas legales o ilegales, como el tabaco, alcohol, marihuana o cocaína. Estas conductas pueden llevar al joven a cometer otro tipo de conductas inadecuadas como relaciones sexuales sin protección y en edades precoces.
- Trastornos de la alimentación, como la bulimia o la anorexia nerviosa, que son usualmente consecuencia del culto a la belleza, tan exaltada en esta época de la vida.
Hay muchas otras, pero lo importante es tratar de diagnosticar en forma temprana esta situación. Generalmente, los jóvenes que caen en este tipo de conductas, presentan cambios en su comportamiento, para lo cual los padres debemos estar alerta. Estos cambios pueden ser: aislamiento, poco comunicativo, cambio en su forma de vestir, desmejora importante en las notas escolares, dejar de hacer actividades que antes le eran muy agradables.
El papel de los padres es fundamentalmente de dar ejemplo con conductas adecuadas, pero deben estar pendientes de sus hijos, conozcan a sus amigos(as), la familia de estos, huelan la ropa y conversen con ellos al llegar de las fiestas.
Buen padre o madre no es aquel que le da a sus hijos todo lo que piden, sino aquel que le da amor, confianza y comunicación.
Miguel A. Mayo
@mayogastro
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